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Esta isla de África del Sur, rodeada por el Océano Índico, es conocida formalmente como la República de Madagascar. A más de 400 kilómetros de la costa continental de África, es la cuarta isla más grande del mundo, considerada por muchos como el “octavo continente”.
Por su tamaño y lejanía de la costa africana, presenta una fauna y flora única, variada y muy, muy abundante, transformándose en uno de los países con la ecología más diversa de la Tierra.
Hogar de miles de especies de vida animal y vegetal, alrededor del 80 por ciento de la misma no se puede encontrar en ningún otro lugar del planeta.
Madagascar es una tierra de paisajes inusuales y ecléctico. Algunas partes del país se asemejan a las sabanas o bosques pluviales del África continental, mientras que otros son a veces surrealistas y bizarros.
Prepárate para encontrarte inmerso en bosques de baobabs y selvas tropicales pobladas por una gran diversidad de reptiles, aves y animales, incluidos entre ellos algunos de apariencia normal y otros descaradamente peculiares.
Es que Madagascar es como ningún otro lugar en la tierra. De hecho, apenas se califica como parte de África: están separados por cientos de kilómetros de mar y por 165 millones de años de evolución - el tiempo suficiente para que las plantas y animales de la isla se convirtiesen en algunas de las más extrañas formas del planeta.
En ningún otro lugar podrás ver más de 70 variedades de lémur, entre ellos uno que suena como una sirena de policía, el camaleón más grande y el más pequeño del mundo, y el último terreno pisado por la extinta ave elefante, el ave más grande que ha existido.
Cerca de Ifaty, en el sur de Madagascar, verás bosques de trenzados y espinosos árboles “pulpo”, mientras en el oeste te maravillarás ante los curvilíneos baobabs, especialmente en la Avenue du Boabab, cerca de Morondava.
Y ten cuidado con las plantas carnívoras en los alrededores de Ranomafana, donde hay más de 60 variedades de ellas. Por esto y mucho más, no en vano Madagascar es considerado como la prioridad número uno de conservación de la naturaleza.
Las áreas silvestres, como el Parque Nacional Isalo y la Reserva Natural Tsingy, son maravillosos lugares para descubrir la exótica fauna, flora y características geológicas sorprendentes.
Además de sus espectáculos naturales, Madagascar también tiene su cuota de hermosas playas y maravillosos arrecifes de coral, como los que se encuentran en el grupo de islas frente a la costa noreste.
La más conocida es Nossi Bé, mientras que Ile Ste-Marie frente a la costa este, y Toliara en el sur, son las principales atracciones para los buceadores, snorkellers y aficionados a tomar el sol.
Y la gente no es menos interesante: llegaron allí hace unos 2000 años a lo largo de las rutas comerciales del Océano Índico, cultivan el arroz en terrazas, y hablan un idioma que tiene sus orígenes más en común con el sudeste de Asia que con el continente africano.
Su cultura está llena de magia y tabú, donde cuevas, cascadas, animales e incluso algunos objetos materiales poseen atributos sobrenaturales.
La bulliciosa capital es la primera y última parada para los visitantes que llegan por vía aérea. Antananarivo o 'Tana', tiene un sabor distintamente francés y es un excelente lugar para adquirir piezas de arte y artesanías malgache.
El distrito de Analakely, en el extremo inferior de la capital, está lleno de vendedores en mercados donde ofrecen de todo, desde piezas de automóviles hasta frutas frescas.
Si paseas por la parte superior de Antananarivo encontrarás algunas interesantes iglesias y edificios antiguos para explorar, así como una animada escena de clubes y discotecas a la noche.
En definitiva, Madagascar es un destino atractivo para los viajeros en busca de aventuras, quienes consideran la falta de infraestructura turística, equipamiento moderno y eficiente sistema de transporte una interesante propuesta.
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